Dejarlo todo para empezar de cero

Sólo el título de este artículo ya da miedo, ¿cierto? Y es que esto del desapego y dejarlo todo, siempre nos causa incertidumbre; y la incertidumbre da miedo: ese sentimiento tan difícil de controlar que, si lo dejamos, actúa por nosotras y nosotros.

Desde niña fui muy mala para las despedidas, porque terminaba llorando o triste. El desapego definitivamente no era lo mío. Recuerdo que cuando estaba en el kínder, la primaria, la preparatoria e incluso en la universidad… siempre me atormentó el irme de la escuela y por supuesto, ni les cuento del drama cuando terminé la prepa y tuve que despedirme de mis amigas y amigos.

A los 23 años, la vida estaba lista para darme una lección enorme. Mi sueño de ser guionista estaba en la palma de mi mano, me había ganado una beca en una de las universidades más importantes de México; pero había un detalle, yo vivía a unos cuántos kilómetros hacia el sur… en Costa Rica.

Recuerdo que, al recibir la noticia, lo primero que pasó por mi mente fue: “di que no puedes ir”. Mis miedos en ese momento eran más grandes que mis anhelos. ¿Cómo iba a ser capaz de dejarlo todo atrás?

Lo que yo no sabía es que recibiría una de las lecciones más grandes de mi vida, y es que: ALCANZAR LOS SUEÑOS REQUIERE DE GRANDES SACRIFICIOS.

Después de darle mil vueltas y encontrar mil excusas, decidí dar el paso, me enfrenté el desapego más importante de mi existencia: irme de casa y perseguir lo que tanto soñaba. Al inicio no fue nada fácil. Llegar a una tierra que no es la tuya puede ser muy complicado, porque implica adaptarte a nuevas costumbres y a reiniciar tu vida desde cero.

Recuerdo como si fuera ayer, aquella sensación de cuando el avión llegó a la Ciudad de México. Siempre se me había hecho súper cursi cuando la gente comentaba o lo escuchaba en las canciones que decían: “las ilusiones venían en las maletas”… Ese día lo entendí. Estaba lista para comenzar una vida nueva y lo único que cargaba eran las ganas de hacerlo.

2011, éste fue el año donde comenzó todo. El inicio fue cuesta arriba: añorando; extrañando gente, lugares y cosas; pensando muchas veces ¿qué estoy haciendo aquí?

Y es que, en un proceso de cambios con frecuencia nos llegamos a cuestionar el por qué dimos el paso, muchas veces hasta parece que hemos tomado una mala decisión; pero no, es parte del mismo. Comencé a trabajar en una de las empresas de televisión más importantes del país, luego tuve la oportunidad de laborar en casas productoras, y ahora, estoy en uno de los lugares que tanto añoré.

Después de 8 años de constante lucha, sólo puedo decir que, la única manera de despegar es trabajando día a día, es decir, ser perseverantes. Y algo muy importante, dar el extra a cada momento, aún cuando uno sienta que ya no puede más.

Ahora tengo mi propio podcast y blog, en donde aconsejo a los millennials sobre la vida amorosa y la vida en general. “Amor en tiempos millennial, un proyecto que inició como terapia y terminó siendo mucho más que eso; pues le guardo muchísimo cariño, porque está hecho para ayudar, aconsejar y acompañar.

Muchas veces pensamos que las cosas se van a dar dentro de nuestra zona de confort o que las oportunidades llegarán a nuestra puerta, y que quizás no van a requerir de tanto esfuerzo, pero las cosas no son así. Las oportunidades más valiosas requieren de grandes sacrificios, y en muchas ocasiones, vienen acompañadas de muchos miedos

Cuando nos dedicamos a soñar, a pensar y a proyectar nuestros anhelos, no pensamos en lo que puede implicar hacerlos realidad; o a veces nos quedamos en eso, en sólo soñar, sin hacer un esfuerzo, sin mover una sola pieza. 

Si tenemos un sueño hay que ir tras él, luchar hasta el cansancio y en muchas ocasiones… dejar cosas que amas atrás.

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Emprendedora de talla baja con grandes metas

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