Mujer rubia con letrero por un salario justo.

Los factores que frenan la equidad entre hombres y mujeres son estructurales, y para cerrar la brecha salarial en México es de 15.6%, por eso es necesario cambiar la distribución laboral, desnaturalizar que el trabajo doméstico es tarea de las mujeres y acciones concretas del Estado.

Existen porcentajes significativos de mujeres de países latinoamericanos, entre ellos México, que inician su propio negocio y que visto desde lo superficial podría leerse como algo positivo, sin embargo la creación de estos emprendimientos, en su mayoría, tienen un origen forzado por una necesidad económica y de autoemplearse por un contexto de desigualdad, trabajo no remunerado y malas condiciones laborales. 

El Global Entrepreneurship Monitor ha recalcado que la mayor parte de las mujeres en América Latina han emprendido por su situación de pobreza ya que el desempleo es de más del 50% comparado con el de los hombres. 

A este factor se suma que de América Latina, México presenta la mayor brecha salarial de género -Segundo Informe del Observatorio de Trabajo Digno, realizado por Acción Ciudadana Frente a la Pobreza- y no es de extrañarse al conocer que anualmente un hombre gana 23,912 dólares, mientras que una mujer gana 11, 861 dólares por realizar el mismo trabajo (Informe Global sobre Brecha de Género del Foro Económico Mundial, 2018). 

Otra variable que vale mencionar son las desigualdades que hay entre nosotras: las mujeres en las ciudades tienen más ingresos que las mujeres indígenas, inmigrantes o que viven en zonas rurales. 

Brecha de remuneración entre hombres y mujeresRevisa la tabla completa aquí: Brecha de remuneración entre hombres y mujeres

La importancia del trabajo no remunerado 

Es importante profundizar en el trabajo doméstico no remunerado (TDnR), ya que no puede entenderse la brecha salarial sólo desde una visión de inserción laboral al mercado o de igualdad salarial, retomando las palabras de Mercedes D’Alessandro 

“¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres?” 

Las mujeres se insertaron en el ámbito laboral a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, lo cierto es que no se redistribuye el trabajo doméstico y de cuidados que ha recaído siempre sobre nosotras. Las mexicanas dedican en promedio 28.8 horas a la semana a las tareas de cuidado, mientras que los hombres sólo dedican 12.4 horas, lo que las deja en desventaja teniendo menos horas para la (otra) jornada laboral. 

 trabajo doméstico no remunerado
Las mujeres dedican en promedio 28.8 horas a la semana a las tareas de cuidado, mientras que los hombres sólo dedican 12.4 horas.

“El TDnR es indispensable para la vida social y es la base sobre la que se levanta la actividad económica cotidiana” (D’Alessandro, 2016), y según la CEPAL y la Organización Panamericana de la Salud, el TDnR contribuye al desarrollo económico de México. En 2017 representó el 23.3% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, más de 5.1 billones de pesos. 

Este contexto desigual que sigue subestimando nuestra participación económica y que normaliza e invisibiliza el TDnR, incluye diversas formas de violencia que se traducen en una serie de obstáculos y limitantes para que podamos alcanzar un pleno desarrollo personal, social, cultural, político y económico, así como poder lograr un bienestar a nivel colectivo. 

Al no lograr una equidad en cada ámbito, y en este caso en el económico, se limita el libre desarrollo de las mujeres, violando artículos constitucionales y tratados internacionales que buscan garantizar los derechos humanos de las mujeres para acceder a una vida libre de violencia y en igualdad de condiciones. 

Los logros conseguidos con gran esfuerzo en la aplicación de políticas para aumentar el número de mujeres en el mercado de trabajo remunerado y cerrar la brecha salarial podrían desvanecerse con rapidez si las mujeres están sobrerrepresentadas en trabajos con alto riesgo de automatización.

Asimismo, al no haber equidad económica se obstaculiza la autonomía económica de las mujeres, lo que las hace más vulnerables a situaciones de violencia económica y patrimonial y hasta física y psicológica al no tener los medios para cubrir sus necesidades básicas de manera independiente pues dependen económicamente de su violentador. 

A nivel colectivo la desigualdad económica de género también obstaculiza el desarrollo económico sostenible, ya que de acuerdo con estudios realizados como el de Cherie Blair Foundation, sobre Value for Women (VFW), afirman que el Producto Interno Bruto de México aumentaría 810 mil millones de dólares en 5 años, es decir, 43%. 

A diferencia de los hombres, el crecimiento profesional de miles de mujeres también se ve limitado con la maternidad. La brecha salarial es mayor en mujeres con hijas e hijos: licencias de maternidad y paternidad limitadas y falta de flexibilidad en horarios de trabajo las orillan a emplearse de tiempo parcial o en el sector informal y como consecuencia, a menos derechos laborales como seguridad social.

Lo que realmente implica la equidad salarial

Por tales motivos, al referirnos a equidad salarial, no sólo nos enfocamos a la igualdad de remuneración, sino a que se garanticen todas las condiciones para un pleno desarrollo profesional que en muchos casos incluye reconocer la necesidad de los derechos a guarderías, seguridad nacional (al enfrentarnos diariamente a los diferentes tipos de violencia machista), igualdad de oportunidades, acceso a créditos, cuentas de ahorros y a un seguro médico integral pensado por y para nosotras. 

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Otro eje de acción necesario para lograr la equidad salarial es la inserción de los hombres al TDnR; la cuantificación, revalorización y el reconocimiento de dichas actividades que incluyen el cuidado de niñas, niños, y adultos mayores; la cocina, limpieza y agricultura; ya que no porque se den dentro de la esfera privada, dejan de ser trabajo. 

Papa preparando galletas con sus hijos.
La inserción de los hombres al TDnR es importante para lograr la igualdad de género.

Es un tema pendiente en la agenda internacional, por ejemplo, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 de la ONU como la igualdad de género, para eliminar la discriminación y violencia ejercida contra mujeres y niñas, y el trabajo decente y crecimiento económico, donde se destaca que para mayor desarrollo es necesario cerrar la brecha salarial (para la cual se necesitarán otros 68 años si no se toman medidas). 

Son muy claras las acciones que han delimitado los organismos internacionales, sin embargo, estamos muy lejos de que los gobiernos en Latinoamérica se hagan cargo de éstas, por ello la importancia de los movimientos feministas que empujan y visibilizan la demanda social sobre el tema y aceleran los cambios necesarios para beneficio de las mujeres y del desarrollo de los países. 

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